Archivo



         Al igual que muchas otras instituciones, los archivos nacen como una necesidad de las actividades propias del hombre, cuya finalidad es hacer perdurables los testimonios de sus distintas actividades en cualquiera de su contexto, cultural, social o económico.

En este mismo sentido, hay evidencias de su existencia en tiempos remotos en regiones de Egipto y en regiones de Asia, en nuestro país la inquietud por acoger y guardar la información por parte de nuestros antepasados prehispánicos, es un tanto incierta, ya que no se sabe a ciencia cierta si contaban con un lugar específico para el resguardo de la misma, el autor Carrera Stampa”1, nos menciona que hay vagos indicios de haber existido una especie de archivo rudimentario en Tenochtitlán, celosamente resguardado por la clase sacerdotal; no obstante, la existencia en una organización política y social, exigía un control de las actividades propias de la época y del Imperio, mismas que fueron asentadas en distintos soportes de información, rollos, códices, papel Amatl, pictografías, jeroglíficos, etc. con datos importantes como relaciones tributarias, catálogos botánicos, censos de población, catastros, etc. Dejando al descubierto el interés que tenían en conservar los testimonios de su época, remarca el autor; de manera que al llegar los españoles se encontraron con evidencia de culturas muy elaboradas que tenían un concepto claro de los hechos históricos y que preservaban sus testimonios.

El establecimiento formal de la creación de un archivo en este país, data de la época colonial y fue a cargo de Don Antonio de Mendoza, primer Virrey de la Nueva España, quien dispuso se formara el Archivo de la Secretaría del Virreinato del que existen restos del libro de acuerdos que el mismo autor sostiene en su libro: Archivalía Mexicana. 2

El mencionado archivo lamentablemente fue víctima de hechos ocurridos en el Palacio Virreinal, en los años de 1624 y 1692, siendo protagonista en ambos un incendio provocado por la ira del pueblo, la primera por desacuerdo civiles y eclesiásticos y la segunda por la carencia de alimentos, hacia el año de 1790 y por parte del segundo conde de Revillagigedo, Juan Vicente Gümes Padilla, crea una propuesta para reubicar el archivo y establecerlo en el alcázar de Chapultepec, reuniendo en el mismo lugar documentación generada por las instituciones de la Nueva España y de la Catedral, ésta última propuesta no se desarrollo.

No fue hasta después de la Independencia y de la conformación del aparato burocrático del país, que mediante el decreto de la Junta Superior de Gobernación, emitido de orden de C. Lucas Alemán, en 1823, que se establece el Archivo General y Público de la Nación; posteriormente, “a lo largo del territorio nacional, quedaron sembrados archivos, en lo que fueran las antiguas villas que después se convirtieron en capitales, y más tarde durante la restauración de la República, se transformaron en Estados y Secretarías de Estado; de igual forma, en los antiguos cabildos o ayuntamientos quedo registrada la voluntad del pueblo de reunirse para enfrentar a la autoridad, formando con ello los archivos municipales.”3 Generando así el crecimiento paulatino de importantes archivos que resguardan celosamente la memoria de las generaciones a través de los siglos.

No obstante la breve reseña histórica del surgimiento formal de los archivos en México, cabe mencionar que su conceptualización no es variable, inclusive por diferentes instituciones a nivel mundial, en este sentido para el consejo internacional de archivos se define como el Conjunto de documentos de cualquier fecha, forma o soporte material elaborados o recibidos por una persona física o jurídica, por un servicio u organismo público o privado, en el ejercicio de su actividad y destinados por su naturaleza a ser conservados por esta misma persona, para la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura: es donde se custodian documentos Públicos y Privados, reunidos en un determinado lugar con fines de Conservación y Ordenación para consulta y utilización.

Para el Archivo General de la Nación, es el conjunto de documentos acumulados en un proceso natural por una persona o institución (pública o privada), en el transcurso de la gestión de asuntos de cualquier índole, fecha, producidos o recibidos, los cuales se conservan y custodian para servir de referencia, como testimonio o fuente de información para las personas o instituciones que los produjeron o como fuente primaria para la historia.
        


   1 CARRERA STAMPA, Manuel. Los archivos históricos.  Revista Bibliotecas y Archivos de la ENBA, (1):10, 1967.
2 CARRERA STAMPA, Manuel.  Archivalía mexicana. México: Publicaciones del Instituto de Historia UNAM, 1952, p. 1583
3 ISLAS PEREZ, María E.  La archivística en México, Puebla: Renaies, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla,  Archivo Histórico, 2003, p. 9

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